Relación abuelos y nietos

Relación entre nietos y abuelos es de gran beneficio

• Para ambas partes

• Los niños aprenden con ellos el significado del respeto y reciben valiosas enseñanzas producto de la experiencia de los adultos mayores

Por Angie López

Uno de los vínculos más importantes y enriquecedores es el que se forma entre abuelos y nietos, pues a pesar de la brecha generacional que existe, es de gran beneficio para ambas partes; los adultos mayores se sienten amados, productivos y útiles, mientras que los niños aprenden valores como el respeto.

Esa relación tan especial debe ser fomentada por los padres, ya que son quienes deben propiciar los espacios para que tanto los abuelos como los nietos compartan y esto se puede lograr en actividades familiares, fechas específicas como cumpleaños, y en general, involucrándolos en todo tipo de eventos.

Para los abuelos, el compartir con los nietos es un momento único, pues ya no sienten la presión que tenían con sus hijos. Y es que si bien es cierto puede ser de gran apoyo para la crianza de los niños, la responsabilidad solo recae en los padres, además, el estrés que implica la vida laboral ha desaparecido, por lo que tienen más oportunidad para disfrutar.

Provechoso

La psicóloga de Enfoque a la Familia, Kattia Morales, aseguró que los adultos mayores que comparten con sus hijos y tienen una relación estrecha con ellos, se sienten acompañados, pero sobre todo, pueden disfrutar con mayor libertad porque no tienen la presión que tenían antes, por lo que verdaderamente gozan del vínculo.

Morales aseguró además que al entrar a la etapa de la vejez, los adultos mayores adquieren una actitud más pasiva e incluso mágica y fantasiosa, porque ya se dejan de complicaciones en sus vidas y esto les permite estar menos presionados y poder jugar, contar cuentos, acompañar y ser felices con sus nietos.

Para los niños, los abuelos son como sus cómplices, claro está, en situaciones sanas, esto hace que se forme una bonita relación que llena de felicidad a los pequeños, además, los sienten cercanos y esto les brinda seguridad y sensación de pertenencia, también pueden adquirir valiosas enseñanzas por la experiencia que poseen los adultos mayores.

Potencial

Para el psicólogo Erick Quesada, el vínculo entre abuelos y nietos es de gran potencial porque ambos se nutren emocionalmente; es una relación donde hay cariño sincero, desinteresado y en la que el acompañamiento es enriquecedor, por tanto brinda muchos beneficios que perduran a lo largo de la vida.

“Los niños tienen la capacidad de contar con más vínculos afectivos y esto les permite desarrollar ciertas habilidades, los abuelos se sienten productivos y los niños se convierten en una motivación para sus vidas, lo que les da una razón más de ser. Los padres son los responsables de fomentar ese vínculo”, aseguró Quesada.

En lo que sí coinciden los expertos es que hay que establecer determinadas reglas, pues la disciplina, los límites y la crianza solo son responsabilidad de los padres, por lo que los abuelos no se deben involucrar, esto no quiere decir que no pueden ser un apoyo en ese sentido, sin embargo, no deben irrespetar lo establecido por los padres.

Normas

Según Quesada, los abuelos deben ser consistentes con lo que han determinado los padres, no pueden trasgredir sus normas, ya que de lo contrario los niños no sabrán a quién hacerle caso, además, los adultos mayores tienden a ser más permisivos, lo cual no siempre es conveniente para el desarrollo de los pequeños.

Muchos abuelos cuidan a sus nietos mientras que los padres trabajan, este es un aspecto también muy importante de analizar, porque es necesario primero tomarles parecer (y no asumir que es una responsabilidad de ellos porque no lo es) y determinar si tienen las condiciones físicas y emocionales para cumplir con la tarea.

“Una cosa es que los abuelos compartan con los nietos por ratos y otra que les cuiden por más horas, es necesario determinar si por cuestiones de salud física y mental pueden cuidar a los niños. Si los cuidan deben estar claros en que tienen que tener respeto por las normas de disciplina que han establecido los padres”, indicó.

Los abuelos deben formar parte de la vida de los nietos, para ambos el vínculo es de fundamental importancia a nivel emocional, por ello se deben promover espacios para compartir.

Tomado de: www.prensalibre.co.cr

Familias distanciadas

• Comunicación está ausente

Familias están cada vez más dispersas

• El ritmo de vida y otros factores hacen que las familias ya no compartan juntas ni siquiera breves momentos al día

Angie López Arias
alopez@prensalibre.co.cr
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¿Hace cuánto usted no conversa con sus hijos?, ¿Sabe como les va en la escuela o el colegio?, ¿Cómo hijo o hija se ha sentado a platicar con sus padres de cualquier tema últimamente? Probablemente sus respuestas no sean positivas y lastimosamente quizá tampoco sea la única familia que atraviesa por esta situación. Y es que actualmente las familias están cada vez más dispersas, pues el ritmo de vida y otros factores se conjugan para hacer que el vínculo entre sus miembros se debilite, ya que la comunicación, un pilar de vital importancia en todas las relaciones humanas, es el principal ausente. La familia es la base de la sociedad, es el área más importante donde las personas se desarrollan y adquieren valores como la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el amor, entre otros, por eso si no existe ese vital lazo de comunicación, las personas crecerán carentes de esos aprendizajes.

Antes las familias compartían juntas al comer, conversaban sobre diversos temas y salían más a disfrutar de paseos, hoy, por el contrario, los espacios destinados a esto son escasos, de ahí que sea tan importante sacar un momento para compartir, aun cuando las ocupaciones apremien.

Acelerado

El psicólogo Erick Quesada indicó que las exigencias actuales hacen que los padres y los hijos tengan horarios diferentes, por lo que no coinciden para estar juntos, también es común que los adolescentes se vuelvan autónomos y pasen más tiempo con sus amigos que con su familia. Para Quesada, también la situación tiene relación con la dinámica familiar, pues algunos núcleos familiares no mantienen la cultura de compartir, eso hace que los hijos crezcan sin reconocer la importancia de estar juntos, por lo que reproducen ese mismo patrón al formar sus familias. “Esa falta de unión y comunicación puede tener muchas consecuencias negativas, porque la idea de que los miembros de la familia compartan es crear un clima de confianza, que cada uno sienta que puede comunicarse adecuadamente con sus hermanos, el papá o la mamá. Se trata de establecer vínculos más fuertes de apoyo y ayuda”, manifestó Quesada.

Si los integrantes no encuentran ese apoyo en sus propias familias lo buscarán en otras personas, por ejemplo, los adolescentes pueden llenar ese vacío en sus amigos, lo cual los puede llevar a tomar decisiones equivocadas o recurrir a mecanismos no sanos, de igual forma la falta de comunicación conlleva problemáticas dentro de la pareja.

Núcleo vital

Quesada afirmó que la familia debe ser el espacio donde el ser humano se desarrolle desde temprana edad, adquiriendo valores y habilidades para desenvolverse positivamente en la sociedad, esa unión, que debe existir, permite formar personas responsables.

“En la familia es donde las personas aprenden a desarrollar vínculos y a adquirir valores, es donde se aprende a respetar, a amar, a ayudar, a compartir y a considerar, por eso la familia es vital en el proceso de socialización de los seres humanos”, aseveró el especialista. Existen indicadores que evidencian ese debilitamiento que se está dando en las familias, como los son los altos índices de violencia, la drogadicción, los niños en las calles y ese irrespeto hacia la vida que hoy día se ve con tanta frecuencia en nuestro país. “El tiempo es importante, pero más la actitud de las personas. Hay papás que tienen todo un fin de semana para compartir, pero si no invitan con su actitud a compartir con ellos no es posible establecer esa comunicación. Es importante compartir aunque sea dos horas pero de calidad, donde haya confianza y se pueda hablar abiertamente, los padres autoritarios y críticos alejan a los hijos”, aseguró.

Espacios

Por su parte, la psicóloga de Enfoque a la Familia, Katia Morales, comentó que se ha perdido el sentido de estar en familia, pues ahora los integrantes están más involucrados en sus cosas y se olvidan de compartir, pero también esto ha ocurrido porque no se le ha tomado la importancia que merece. “La familia sigue siendo el principal agente que influye en las personas, por eso debe ocupar el lugar más importante. El problema es que los mismos padres delegan a otros la transmisión de valores y educación, cuando son la fuente principal en ese aprendizaje”, manifestó Morales. La especialista dijo que es necesario sacar espacios para que la familia comparta, incluso debe haber autoridad de los padres a fin de luchar contra las amenazas y los factores externos para poder crear esas oportunidades de estar juntos, lo ideal es que se haga desde siempre, pero nunca es tarde para valorar lo importante que es la familia.

Tomado de www.prensalibre.co.cr

 

Hijos que no se van de la casa

• Por diversas razones

Los adultos jóvenes retrasan cada vez más la salida del hogar

Angie López Arias
alopez@prensalibre.co.cr
Foto: Photos.com

El deseo de independizarse y vivir en un apartamento era algo que seducía a los jóvenes cuando recién cumplían los 18 años, hoy, sin embargo, ese “volar del nido” se ha ido retrasando cada vez más, hasta el punto que ahora adultos de más de 30 años siguen viviendo con sus padres.

Las razones que provocan esta situación son diversas, por ejemplo, circunstancias económicas apremiantes, que hacen que muchos prefieran quedarse en casa para no incurrir en grandes gastos, el deseo de estudiar y por ello retrasan (o descartan) el plan de formar una familia o bien, por la simple comodidad.

En algunos países a estas personas se les llama “adultescentes”, término que se refiere a adolescentes tardíos que no muestran preocupación por buscar una vida independiente, no quiere decir que esto sea malo, pero tampoco es sano, pues puede llevar a una dependencia emocional que les imposibilita el desarrollo de habilidades sociales y de toma de decisiones.

En otros casos lo que ocurre también es que los adultos regresan al hogar de sus padres luego de un fracaso matrimonial o porque no les resultó vivir solos, lo cual puede alterar la dinámica familiar, si no se ponen límites y reglas claras.

Comodidad

La psicóloga de Enfoque a la Familia, Catherine Hogg, comentó que una de las razones principales, por las que puede darse esta situación, es porque en nuestro país hay una cultura paternalista, en la que las familias están en función de sostener a los hijos el mayor tiempo posible.

Aunado a esto, Hogg considera que ahora las personas buscan la conveniencia por el alto costo de la vida, ya que es más cómodo estar en casa que pagar un alquiler y hacer un aporte significativo al hogar en vez de incurrir en el gasto que implica tener una vida independiente.

“Incluso se simboliza la casa como un hotel cinco estrellas, entonces cómo van a dejar esa comodidad que encuentran en el hogar. También se da que los hijos regresan a la casa de sus padres, después de un divorcio, con una expectativa diferente que genera problemas, porque los padres ya tenían un esquema establecido que el hijo o la hija viene a alterar”, aseveró Hogg.

Para la especialista, lo ideal es que se de un desarrollo sano a nivel emocional en la persona, por eso si la situación no le afecta a él ni a su familia, no tiene que verse como algo trágico, aunque lo recomendable es que en determinado momento exista un proceso de emancipación completo.

Dependencia

Muchos padres pueden ver esta situación con buenos ojos porque tienen a sus “niños” en casa, pero otros ven con asombro y hasta angustia el que sus hijos estén aún con ellos sin pensar en un proyecto de vida que les permita desenvolverse como personas maduras e independientes.

“Por apegos emocionales o por un asunto de conveniencia puede ser problemático, porque se necesita una dependencia física y emocional, se quiere que los hijos tomen sus propias decisiones, pero al vivir con sus padres no se logra eso, es necesaria la independencia en todos los sentidos”, dijo Hogg.

Según la psicóloga, si se trata de un apego emocional puede que la persona no se desarrolle de manera sana y le será dificultoso tomar por sí solo decisiones.

“El momento idóneo para salir de casa depende de la preparación emocional de la persona, habrá quienes entre los 25 y 28 años tienen la fortaleza a nivel emocional que les permite vivir de manera independiente, otros de más edad no. La comunicación es fundamental para definir qué es lo que se quiere y es necesario buscar un equilibrio, los hijos deben entender que no están en su espacio sino en el de los padres”, aseveró Hogg.

Salida

Para el psicólogo, Erick Quesada, las nuevas generaciones le están dando prioridad al tema de la profesionalización y al consolidarse laboralmente, por eso también postergan el matrimonio o la independencia, mientras logran terminar una carrera y posicionarse en el mercado laboral.

Según Quesada, los hijos deben salir de casa cuando sienten la necesidad de contar con un espacio propio, de vivir bajo sus propias reglas y de querer vivir en total independencia, esas son las señales que indican a la persona el decidir el momento de partir y salir del calor del hogar.

“Es normal que se experimenten temores porque es enfrentarse a algo nuevo, pueden tener dudas, pero deben desarrollar las habilidades emocionales que se requieren para vivir solos, como el autocuidado y administración del tiempo y una reorganización económica. Pero ahí es donde la persona crece, cuando son muchos años de estar en casa le da más temor”, afirmó.

“Si posterga la salida de casa puede tener dificultad para proyectar consecuencias y tomar decisiones, se genera más temor y pueden redundar en problemas”, agregó Quesada.

Tomado de www.prensalibre.co.cr

 

Rivalidad entre hermanos

• Fomentando el respeto en la familia

Padres deben evitar rivalidades entre hijos

• La relación con los hermanos puede generar desde peleas insignificantes hasta graves roces que alteran la dinámica familiar, en esta situación los padres tienen una función determinante

Angie López Arias
alopez@prensalibre.co.cr
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Las relaciones interpersonales por sí solas son complicadas y el núcleo familiar no está exento de sufrir problemas entre sus miembros, y es que es muy común que principalmente los hermanos tengan desde peleas insignificantes hasta severos roces.

La rivalidad entre en hermanos es muy normal pero en cierta medida, es por ello que los padres deben estar muy atentos para saber cuando es el momento idóneo para intervenir, ya que puede tratarse de discusiones sin sentido o bien, ser problemáticas más serias.

Cuando los hijos están pequeños es usual que entren en conflicto por los juguetes, los programas de televisión que quieren ver o por las cosas que se toman sin permiso, sin embargo, conforme crecen, la rivalidad va cambiando de tono pues buscan más la aprobación y la atención de los padres y compiten para eso.

Esta situación puede ocasionar resentimientos muy dañinos para ambas partes, de ahí la necesidad de que los padres promuevan entre sus hijos una relación sana, sin fomentar la competencia pues de lo contrario se producirán heridas difíciles de curar en la familia.

Normal

El psicólogo, Erick Quesada, comentó que la rivalidad entre hermanos es esperable y normal en cierto grado y aseguró que en la mayoría de los casos se origina por la aprobación que buscan de sus padres, por ejemplo, pueden competir en quien obtiene mejores calificaciones o quien tiene el mejor trato de ellos.

“Tiene que ver con quien saca mejores notas, quien obtiene más permisos o muchas veces se debe a quien recibe el trato más cariñoso de los padres. En estos casos el papel de los padres es trascendental porque en ocasiones sin quererlo promueven esa rivalidad”, manifestó Quesada.

El especialista dijo que en ocasiones los padres asumen actitudes para promover esa rivalidad como cuando hacen comparaciones dañinas que lastiman o cuando prefieren a uno más que a otro de una forma muy notoria, esto aunque se haga sin premeditación, genera roces entre ellos.

“A veces hacen comparaciones como que uno de los hermanos saca mejores notas que el otro, o que uno se porta mejor que los demás, eso causa daño y aunque no se quiera promueve la rivalidad. Lo más sano es respetar la individualidad de cada hijo, hay que partir de que todos son diferentes y que no se les puede exigir a todos lo mismo porque cada uno tiene sus áreas fuertes y débiles”, aseveró Quesada.

Resentimientos

En otras ocasiones, los padres esperan que los hijos hagan aquello que no pudieron realizar en la infancia o durante su juventud, por eso cuando uno de ellos realiza el sueño de su padre o madre, suele haber mayor preferencia por él, esto provoca rivalidad en la relación de los hermanos.

“Si esa rivalidad causó resentimientos y envidias, quedan secuelas que pueden permanecer a través del tiempo que se traducen en distanciamiento, dificultades para comunicarse de una manera fluida y reclamos, esto se ve incluso muchos años después, son heridas que se guardan toda la vida”, indicó Quesada.

El psicólogo, recalcó que el accionar de los padres es indispensable para evitar este tipo de situaciones, ellos no deben promover la superación de los hijos a través de la rivalidad, por el contrario tiene que fomentar la cooperación, la solidaridad y la complementariedad entre los hermanos.

“En vez de ponerlos a pelear, los padres deben enseñarles a que se ayuden, pero lo más importante a respetarse y que ellos reconozcan a cada hijo en su individualidad, a parte de eso se les debe educar en valores, los padres deben poner atención en cómo promueven la relación de sus hijos”, manifestó Quesada.

Intervención

Por su parte la psicóloga, Marianela Rosales, dijo que desde que los hijos son pequeños los padres deben evitar las peleas que en esas edades suelen ser por cosas sin importancia, aunque la situación es una oportunidad perfecta para enseñar a los hermanos a compartir y a llevarse bien.

“Cuando son pequeños lo normal es que peleen por confites o por juguetes cuando se ve que los hijos discuten por estas cosas se les debe explicar que tiene que llegar a un consenso y equilibrio, de esta forma aprenderán a resolver conflictos por sí mismos”, dijo Rosales.

La especialista expresó que siempre habrá dificultades entre los hermanos, pero que para evitar una situación más grave lo mejor es la intervención de los padres quienes pueden mejorar la comunicación y la relación entre la familia, sobre todo con el ejemplo.

Rosales subrayó que los padres deben inculcar valores, fortalecer el vínculo familiar y promulgar la solidaridad y el respeto entre los hijos para así, evitar problemas de cualquier índole, evitando situaciones que pueden dejar graves heridas.

Tomado de www.prensalibre.co.cr