Hijos que no se van de la casa

• Por diversas razones

Los adultos jóvenes retrasan cada vez más la salida del hogar

Angie López Arias
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Foto: Photos.com

El deseo de independizarse y vivir en un apartamento era algo que seducía a los jóvenes cuando recién cumplían los 18 años, hoy, sin embargo, ese “volar del nido” se ha ido retrasando cada vez más, hasta el punto que ahora adultos de más de 30 años siguen viviendo con sus padres.

Las razones que provocan esta situación son diversas, por ejemplo, circunstancias económicas apremiantes, que hacen que muchos prefieran quedarse en casa para no incurrir en grandes gastos, el deseo de estudiar y por ello retrasan (o descartan) el plan de formar una familia o bien, por la simple comodidad.

En algunos países a estas personas se les llama “adultescentes”, término que se refiere a adolescentes tardíos que no muestran preocupación por buscar una vida independiente, no quiere decir que esto sea malo, pero tampoco es sano, pues puede llevar a una dependencia emocional que les imposibilita el desarrollo de habilidades sociales y de toma de decisiones.

En otros casos lo que ocurre también es que los adultos regresan al hogar de sus padres luego de un fracaso matrimonial o porque no les resultó vivir solos, lo cual puede alterar la dinámica familiar, si no se ponen límites y reglas claras.

Comodidad

La psicóloga de Enfoque a la Familia, Catherine Hogg, comentó que una de las razones principales, por las que puede darse esta situación, es porque en nuestro país hay una cultura paternalista, en la que las familias están en función de sostener a los hijos el mayor tiempo posible.

Aunado a esto, Hogg considera que ahora las personas buscan la conveniencia por el alto costo de la vida, ya que es más cómodo estar en casa que pagar un alquiler y hacer un aporte significativo al hogar en vez de incurrir en el gasto que implica tener una vida independiente.

“Incluso se simboliza la casa como un hotel cinco estrellas, entonces cómo van a dejar esa comodidad que encuentran en el hogar. También se da que los hijos regresan a la casa de sus padres, después de un divorcio, con una expectativa diferente que genera problemas, porque los padres ya tenían un esquema establecido que el hijo o la hija viene a alterar”, aseveró Hogg.

Para la especialista, lo ideal es que se de un desarrollo sano a nivel emocional en la persona, por eso si la situación no le afecta a él ni a su familia, no tiene que verse como algo trágico, aunque lo recomendable es que en determinado momento exista un proceso de emancipación completo.

Dependencia

Muchos padres pueden ver esta situación con buenos ojos porque tienen a sus “niños” en casa, pero otros ven con asombro y hasta angustia el que sus hijos estén aún con ellos sin pensar en un proyecto de vida que les permita desenvolverse como personas maduras e independientes.

“Por apegos emocionales o por un asunto de conveniencia puede ser problemático, porque se necesita una dependencia física y emocional, se quiere que los hijos tomen sus propias decisiones, pero al vivir con sus padres no se logra eso, es necesaria la independencia en todos los sentidos”, dijo Hogg.

Según la psicóloga, si se trata de un apego emocional puede que la persona no se desarrolle de manera sana y le será dificultoso tomar por sí solo decisiones.

“El momento idóneo para salir de casa depende de la preparación emocional de la persona, habrá quienes entre los 25 y 28 años tienen la fortaleza a nivel emocional que les permite vivir de manera independiente, otros de más edad no. La comunicación es fundamental para definir qué es lo que se quiere y es necesario buscar un equilibrio, los hijos deben entender que no están en su espacio sino en el de los padres”, aseveró Hogg.

Salida

Para el psicólogo, Erick Quesada, las nuevas generaciones le están dando prioridad al tema de la profesionalización y al consolidarse laboralmente, por eso también postergan el matrimonio o la independencia, mientras logran terminar una carrera y posicionarse en el mercado laboral.

Según Quesada, los hijos deben salir de casa cuando sienten la necesidad de contar con un espacio propio, de vivir bajo sus propias reglas y de querer vivir en total independencia, esas son las señales que indican a la persona el decidir el momento de partir y salir del calor del hogar.

“Es normal que se experimenten temores porque es enfrentarse a algo nuevo, pueden tener dudas, pero deben desarrollar las habilidades emocionales que se requieren para vivir solos, como el autocuidado y administración del tiempo y una reorganización económica. Pero ahí es donde la persona crece, cuando son muchos años de estar en casa le da más temor”, afirmó.

“Si posterga la salida de casa puede tener dificultad para proyectar consecuencias y tomar decisiones, se genera más temor y pueden redundar en problemas”, agregó Quesada.

Tomado de www.prensalibre.co.cr

 

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