Hombres, emotividad y cambio

La dificultad para la vivencia de una emotividad plena parece ser un común denominador en la mayoría de los hombres que hemos crecido en sociedades machistas. La capacidad de ser sensibles y empáticos se encuentra por lo general muy disminuida. Sin embargo, los hombres no nacimos así; esta condición es resultado de la forma en que hemos sido educados desde niños, y responde a una serie de mandatos sociales: “los hombres deben ser fuertes físicamente y duros emocionalmente, racionales, deben hacer uso de un poder entendido en términos de mando y control sobre las demás personas,” entre otros.

Como consecuencia de esto, el enojo y diversas formas de violencia son legitimadas e incluso fomentadas en los hombres, al considerarse una expresión propia o natural de nuestras masculinidades. Es hora de que los hombres reflexionemos a fondo sobre este tema.

Masculinidad, poder y violencia

Desde las masculinidades machistas, se ejercen diferentes formas de violencia (psicológica, sexual, física y patrimonial) hacia las mujeres en múltiples ámbitos: de pareja, intrafamiliar, en la calle, en el trabajo; hacia niños, niñas y adolescentes; contra otros hombres y contra nosotros mismos.

Para comprender a fondo la violencia contra las mujeres, debe partirse del lugar de inferioridad en que históricamente éstas han sido ubicadas en nuestras sociedades. Esta percepción de las mujeres y lo femenino, produce que sean cosificadas y sometidas al poder masculino patriarcal. Por otra parte, en muchas formas de violencia contra nosotros mismos, está presente una negación de lo femenino; como cuando nos exponemos a situaciones de riesgo para afirmar nuestra virilidad, nos sobre exigimos a pesar del cansancio físico y emocional o cuando decidimos mantener bajo control y reprimir nuestros sentimientos a toda costa.

La negación y el rechazo de lo femenino en los hombres es un factor fundamental para comprender la dinámica del poder y la violencia en las masculinidades machistas.



Misoginia y homofobia: obstáculos para la emotividad

La misoginia es el rechazo y desprecio aprendido hacia las mujeres y lo femenino. Muchas de las emociones y roles tradicionalmente considerados propios de las mujeres, son precisamente los que son reprimidos en los hombres: el dolor, el miedo, la ternura, el cuido, la nutrición, la crianza desde la afectividad, las expresiones espontáneas de amor y de cariño. A su vez, la homofobia es el miedo y desprecio aprendido hacia los hombres gais. Predomina en el imaginario social la idea incorrecta de que éstos desean ser mujeres o renunciar a su masculinidad, por lo que se les ubica en el lugar de éstas y de lo femenino.

Con base en lo anterior, es fundamental hacer un par de aclaraciones. Además de partir de que no hay tal inferioridad de las mujeres ni de lo femenino, tampoco existen sentimientos propios de las mujeres ni de los hombres; sino sentimientos humanos. Por otra parte, desde el punto de vista científico, aunado a que no se ha encontrado nada que esté mal con las personas gais, se ha visto que la orientación sexual de una persona no está en función de los sentimientos que se le permita sentir y expresar o no durante la infancia o el resto de la vida.

Lo que se puede afirmar desde esta perspectiva, es que la amplitud del mundo emocional, la capacidad de experimentar, apropiarse y expresar sentimientos por parte de los niños varones es clave para el pleno desarrollo de su personalidad, pues está en estrecha relación con la posibilidad de desarrollar una serie de habilidades (inteligencia emocional) que les permitirán orientase de forma más auténtica y asertiva en los diferentes ámbitos de sus vidas. Los hombres, desde niños, tenemos el derecho a la emotividad.

El poder de la emotividad en los hombres

La emotividad es un potente medio para desarticular los mecanismos machistas vinculados a la violencia. El desarrollo de la sensibilidad y la empatía, es decir, la capacidad de ponernos en el lugar de las demás personas y su vivencia, crea las condiciones para el ejercicio de una forma alternativa de poder que descanse en la posibilidad de vincularnos con quienes nos rodean y con nosotros mismos en términos de respeto e igualdad. No hay riesgo alguno para los hombres en la emotividad, por el contrario, ésta implica la oportunidad de convertirnos en personas más capaces, plenas y lúcidas; y con el poder para impulsar el cambio.

 

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