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¿Es posible que si se aprueba la unión civil o las sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo, se esté atentando contra la familia y los valores costarricenses?
Por Dr. Erick Quesada R.
En realidad no. Cuando estas ideas son sometidas a un análisis crítico, nos damos cuenta que en realidad no cuentan con ningún fundamento firme y objetivo, aunque sí evidencian la intención promover actitudes homofóbicas en la opinión pública.
Para nadie es un secreto que requerimos de cuestionarnos, como colectivo, nuestro propio sistema de valores. Basta con señalar algunos indicadores de violencia que han venido en aumento para darnos cuenta que necesitamos replantearnos el rumbo que hemos seguido como sociedad en las últimas décadas: violencia intrafamiliar contra la mujer, niños, niñas, adolescentes, personas adultas mayores y hombres; la violencia en las calles; el aumento en las tasas de homicidios, suicidios y muertes violentas; sólo para mencionar algunos.
El reconocimiento del derecho que tienen las personas del mismo sexo a formar una pareja y una familia, y a reclamar las mismas obligaciones, derechos y garantías que la ley otorga a las parejas heterosexuales, descansa en el total reconocimiento de su legitimidad en tanto seres humanos, y esto es una expresión genuina de una valor cada vez más cuestionable en nuestra cultura: el respeto, y más particularmente, el respecto a la diversidad contenida en la humanidad.
Por lo tanto, el reconocimiento de la unión civil o de las sociedades de hecho no haría más que sentar un precedente en esta dirección. Por su parte, nada más falso que pensar que dicho logro atentaría contra la familia costarricense. Sería mejor fijar la atención sobre los indicadores, como los señalados arriba, que sí lo hacen día tras día, y que están fundamentados, ahora sí, en la serie de discursos de corte machista, sexista y religioso que predominan en la actualidad.
Publicado en Revista Gente 10
Machismo y homofobia
Masculinidad, machismo y homofobia
Por Dr. Erick Quesada*
Podría definirse al machismo como el conjunto de conductas, normas sociales, formas de pensar y de sentir propias de nuestros sistemas patriarcales, los que a su vez se fundamentan en la concepción de la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer, y en la distribución desigual de poder entre éstos.
En la cultura machista, valores como la agresividad, la actividad, la exploración, la racionalidad y la acción sobre el medio y los recursos naturales se ven exacerbados hacia una agresividad destructiva, la actividad como principio del enriquecimiento y/o el poder sobre otros(as), la explotación de la naturaleza y de otros seres humanos.
Desde hace siglos, los hombres somos socializados para poner en acto nuestra masculinidad con base en estos principios y valores. No por casualidad las estadísticas demuestran el alto riesgo, tanto para nosotros como para otras personas, que esta forma de expresar nuestra identidad de género conlleva: los índices de violencia intrafamiliar contra la mujer, niños(as) y otras personas en el seno familiar, de homicidios y suicidios, de consumo de alcohol, tabaco y otras drogas –sólo para mencionar algunos-, se han disparado en los últimos años.
Por su parte la homofobia, o el miedo, rechazo y desprecio hacia los hombres gais (aunque no debe olvidarse que esta actitud también se dirige hacia mujeres lesbianas (lesbofobia), personas bisexuales (bifobia) y personas transgénero (transfobia)), es el alto precio que estas personas deben pagar por no cumplir con uno de los más importantes mandatos que nuestra sociedad patriarcal deposita sobre el hombre: ser tradicionalmente masculino (macho) y heterosexual.
Actualmente se plantea la posibilidad de cuestionarnos los fundamentos de nuestra identidad masculina para ensayar formas más sanas, asertivas y solidarias de convivencia, tanto con nosotros mismos, como con nuestro entorno total. Es probable que mientras más nos alejemos, hombres y mujeres, del modelo de masculinidad tradicional y de sus valores, más nos aproximemos a una cultura del respeto hacia el ser humano, sin importar su orientación sexual.
* 8827-6174
Homofobia y VIH-SIDA
Homofobia y VIH-SIDA
Por Dr. Erick Quesada*
La homofobia consiste en el miedo, rechazo e incluso desprecio hacia los hombres gais (aunque no se debe olvidar que también se da hacia personas lesbianas (lesbofobia), personas bisexuales (bifobia) y personas transgénero (transfobia). La homofobia se expresa de dos maneras: por un lado tenemos la homofobia social, que responde a la serie de discursos ideológicos que consideran como patológica, anormal, ilegítima e incluso inmoral a la homosexualidad.
Entre estos encontramos el discurso religioso, ciertos discursos psicológicos, el discurso médico-biologista y el discurso jurídico, entre muchos otros. Y por otro, la homofobia internalizada, que consiste en la interiorización que hace la persona homosexual de estos discursos a través de la interacción con otras personas en espacios como el hogar, la escuela y la iglesia, o a través de los medios de comunicación. Cuando esto sucede, la persona dirige los sentimientos de desprecio, rechazo e incluso odio –propios de la homofobia- hacia sí misma, dañando fuertemente su autoestima (lo que siente hacia sí misma) y su autoconcepto (lo que piensa de sí misma).
En este punto, una serie de mitos condicionados socialmente sobre la homosexualidad se convierten en una especie de profecías autocumplidoras para estas personas: “nunca voy a tener una familia”, “siempre seré el “raro” del trabajo, el barrio y la familia”, “de qué vale la pena vivir, si de todas formas me voy a condenar”, “me voy a morir sólo y abandonado” o “me voy a morir de SIDA”.
Esta última profecía autocumplidora, en el plano de la tendencia a infligirse castigo que las personas homosexuales suelen experimentar dada su condición de “anormalidad” y/o “inmoralidad”, se ha asociado a las prácticas sexuales de riesgo de infección con el VIH/-SIDA y/o otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Hoy sabemos, con base en diversidad de estudios científicos, que no hay evidencia de ningún tipo de anormalidad o patología en la homosexualidad, lo que nos hace pensar que más bien lo enfermizo se encuentra en el plano social, y que se expresa en la violencia, discriminación y rechazo que se manifiesta hacia estas de personas.
* 8827-6174